Prisión cubicular*

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¿Hay acaso peor tortura que la estar recluído entre las monótonas tres paredes de un cúbiculo, inclinado sobre un escritorio lleno de papeles por revisar, con el brillo simplón de un monitor que solo muestra texto y con un reloj enfrente que no parece avanzar nunca?

La verdad es que sí ((hambruna, malas cirugías, cáncer…)) pero por el bien de esta publicación, digamos que el tormento cotidiano de un trabajo aburrido, entre tres tristes paredes de cúbiculo, es la peor tortura que existe.

Y es, además, una tortura cruel porque, para un niño que sueña con el día en que podrá liberarse del confinamiento de las cuatro paredes de  la escuela y hacer lo que le dé la gana cuando sea mayor; resulta una burla del destino que, al volverse adulto, vaya a parar a esta oficina igual o más aburrida que aquellas enigmáticas clases  de aritmética, de las que era imposible escapar.

Por eso no es de extrañar que, cuando el destino interviene y un milagro sorpresivo acorta -por alguna razón- las horas de trabajo y permite al humilde oficinista vislumbrar una huída temprana de su prisión cubicular ((*añadir palabra al diccionario)); la alegría sea tan desbordante que, a partir de ese momento, cualquier tarea pendiente se vaya al caño mientras nuestro trabajador espera ansioso la nueva hora de salida. Incluso si faltan horas y horas para ese momento ((mención especial merecen los trabajadores gubernamentales en vísperas de puente)).

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Pero, lastimosamente, estos milagros no son comunes ni frecuentes.

Así que, mientras a diaro los minutos se resisten a pasar en ese inmutable reloj odioso, el heróico trabajador de oficina hace esfuerzos sobrehumanos para completar sus responsabilidades, al tiempo que evita la tentación de ir a partirse la cabeza contra uno de esos muros de cubículo ((lo que solamente agravaría las cosas porque son demasiado frágiles y luego habría que pagar los daños, añadiendo más penas a la agonía rutinaria)). Tal sacrificio constante es el mayor mérito de un oficinista y por lo cual, desde aquí, enviamos nuestros más solidarios saludos y todo nuestro apoyo moral a la fuerza trabajadora del mundo atrapada en empleos tediosos: ánimo! resistan!

O cambien de trabajo, que también es posible.